
Tras nuestra noche en Miyajima, Hiroshima, tomamos rumbo hacia Osaka (???), la tercera mayor ciudad de Japón con 2,7 millones de habitantes, para estar 2 noches en el Hearton Hotel Shinsaibashi, un hotel situado muy cerca de Dotonbori.
De Osaka sabíamos bien poco, era la única ciudad de la que no nos habíamos documentado y el plan era ir a la oficina de turismo al llegar para que nos informaran de lo que podíamos ver. Realmente teníamos muy poco tiempo, ya que nuestra llegada fue por la tarde y nuestra salida hacia Tokyo iba a ser a primerísima hora de la mañana dos días después.
Nada más llegar al hotel, ya era de noche (en Japón a las 5 de la tarde está muy oscuro), y tras hacer el check-in nos fuimos hacia el puente de Dotonbori para ver el ambiente y todas las luces de neones que hay por el barrio. La sensación que me dio el barrio fue algo parecido a la película Blade Runner, muchas luces, muchos locales, mucha gente, puro descontrol total… y la verdad es que me encantó. En esta primera salida pudimos degustar el takoyaki, bolitas de harinas rellenas de pulpo, en una parada con mucho éxito que había en plena calle comercial, si vas a Osaka hay que probar esta comida!

Al día siguiente fuimos al templo Shitennoji, por lo que me contaron el más popular de Osaka, tuvimos suerte ya que nos coincidió con un mercadillo/rastro que montan cada 21 de mes. En este mercadillo había de todo, desde ropa usada hasta cámaras de fotos de más de 30 años, además en una parada de comida pude probar otra comida típica de la región de Kansai, el okonomiyaki, y como no, volvía a estar deliciosa. El templo en si, no es nada del otro mundo y más si llevas a tus espaldas Kyoto o Nara, pero la experiencia del mercadillo me encantó.
Después del mercadillo nos dirigimos hacia el castillo de Osaka, no entramos en él, ya que preferimos ver un festival de baile de niños que había justo a los pies del castillo y además como ya habíamos visitado el castillo de Himeji no nos despertaba gran interés visitarlo por dentro. Aún siendo un festival de niños había mucho nivel, además llevaban ropas tradicionales muy coloridas, por lo que estuvimos un buen rato viendo la competición.

Y por la tarde, mientras estábamos perdidos por una de las galerías/centros comerciales (es increíble la cantidad de centros comerciales que hay en el subsuelo y que además comunican con los rascacielos de la zona) que hay cerca de la estación de Osaka conocimos a un hombre mayor que en principio al vernos perdidos se ofreció a guiarnos hasta nuestra entrada de tren. Por lo que se ve al hombre le encantaba Europa (había visitado España, Alemania, Francia…) y le hizo gracia que fuéramos de Barcelona (ciudad que le encantaba por supuesto, aunque pensara que en Barcelona nos bañábamos en la playa en el mes de Diciembre), por lo que nos invitó a degustar comida típica de Osaka en un izakaya que frecuentaba y que estaba en una calle cercana a la estación.
Estábamos alucinando que alguien pudiera ser tan amable de invitar a comer a dos desconocidos, pero realmente fue una bellísima persona, estuvimos hablando sobre Osaka y Barcelona mientras nos comíamos unos pinchos de pollo y cerdo, que se habían de mojar en una salsa dulce, además nos invitó a cerveza y sake, genial!. Tras acabar, nos hizo salir del local para que no viéramos lo que le costaba y tras esto nos llevó de nuevo a la estación. Fue una experiencia única, seguramente con la que me quedo de todo el viaje, de las que piensas que sólo pasan en los documentales de viaje o en las películas. Tras despedirnos nos dimos cuenta que no nos habíamos dicho ni los nombres, pero no fue razón que impidiera pasar un espléndido rato y haber aprendido muchísimo sobre Osaka.
Recomiendo visitar Osaka, aunque he estado poco tiempo me llevo una magnífica impresión de la ciudad, y que además tiene una población mucho más abierta que el resto de regiones que visité en Japón. Sin duda volveré para explorarla mejor, ya que me llevo la sensación de perderme muchas cosas interesantes de esta ciudad.




